Revista Gremium

Arquitectura doméstica en Toluca, 1870-1920: transformaciones en espacios y funciones

DOI:

Domestic architecture in Toluca, 1870-1920: transformations in spaces and functions

Emilio Ruiz Serranoa
aUniversidad Autónoma del Estado de México: E-mail, ORCID.

Recibido: 6 de febrero del 2026 | Aceptado: 30 de julio del 2026 | Publicado: 31 de agosto de 2026

Resumen

Los estudios de un inmueble suelen centrarse en sus aspectos formales, especialmente en los estilísticos y estructurales. El objetivo es analizar espacios y funciones en la arquitectura doméstica en Toluca durante el periodo de 1870-1920, para una comprensión histórica más profunda, particularmente en el contexto de una vivienda y sus habitantes. El devenir de estos espacios y funciones se desarrolla en paralelo a los cambios en la ciudad, mientras que en otros casos se mantiene estable. Las continuidades y discontinuidades de estos elementos reflejan la dinámica de una población, pues los procesos sociales y las estructuras espaciales están relacionados y no es posible separarlos. Por ello, se consideran los conceptos de espacios, funciones y arquitectura doméstica, para posteriormente aproximarse a la arquitectura doméstica en Toluca, su suceder y su conexión con la historia de la urbe. Por último, se presenta un ejemplo idóneo para corroborar la importancia del estudio de funciones y espacios domésticos con el caso de la Casa N. 2 de la Alameda de Toluca durante 1870-1920, misma que no disponía de documentación suficiente para contar su historia. Se concluye con una nueva interpretación de ese espacio privado y ahora público, convertido en el actual Museo de la Acuarela.

Palabras clave: arquitectura doméstica, espacios, funciones, Toluca.

Abstract

The analysis of a building usually focuses on its formal aspects, especially stylistic and structural ones. Often, spaces, their distribution, and their functions over time are mentioned only briefly or superficially. Therefore, this article, derived from a thesis, aims to highlight the importance of these elements for a deeper historical understanding, particularly in the context of a residence and its inhabitants. The evolution of spaces and functions within a dwelling develops in parallel with changes in the city, while in other cases, they remain stable. The continuities and discontinuities of these elements reflect the dynamics of a city, as social processes and spatial structures are interconnected and cannot be separated. For all these reasons, this research first addresses the concepts of spaces, functions, and domestic architecture, then examines domestic architecture in Toluca and its development, as well as its connection to the history of the city. Finally, a specific and suitable example is presented to verify the importance of studying the functions and distribution of domestic spaces through the case of House No. 2 on the Alameda of Toluca during 1870-1920. The same one that did not have sufficient documentation to tell its story and concludes with a new interpretation of the public space, now converted into the Watercolor Museum.

Keywords: domestic architecture, spaces, functions, Toluca.

Introducción

Evocar la memoria mediante un objeto arquitectónico implica valorar su historia, arte y espacios de convivencia; sin embargo, en la opinión de Nora (2008), es insuficiente el estudio de las diferencias, los contrastes y las dialécticas entre historia y memoria. Es quizá la curiosidad por los lugares en los que la memoria se condensa y encuentra refugio, donde se halla el vínculo a un momento singular de la historia; es la transición entre la ruptura con el pasado que converge con la experiencia de una memoria, la que hace posible replantear la cuestión de las formas en que esta se encarna y se preserva; o, es tal vez, la necesidad de una identidad cultural que se va tejiendo a través de anécdotas, que al modo de Schama (1996), son reivindicaciones psíquicas provocadoras o estimulantes las que guían en la búsqueda de una memoria histórica de una expresión arquitectónica.

La visualización de la arquitectura ahora es una nueva especialidad en el arte y la técnica de proyectar el espacio, que evoluciona a su propio ritmo y es considerada una forma eficaz de comunicar arquitectura (Novas, 2017), de tal suerte que hay que considerar: “al ambiente contextual habitable como el objeto de estudio de la arquitectura y el urbanismo en los modos de ser” (Camacho-Cardona, 2023, p. 1); sin embargo, existen espacios arquitectónicos que han borrado su historia y el desconocimiento de su devenir complica su comprensión e identidad; asimismo, existe un injusto reconocimiento del espacio genérico, tal es el caso de la Casona número 2 de la Alameda en Toluca, convertida ahora en el Museo de la Acuarela.

Esta Casona del siglo XIX, ahora transformada en museo, se convierte en un espacio público desde su dimensión socioespacial y se puede abordar a partir diversas teorías. Desde la filosofía política y la sociología se configura la esfera pública con Arendt (2009) y con Habermas (2014), reconociendo las experiencias sociales colectivas y el sentido cívico del espacio público. Más tarde, Lefebvre (2017) aborda la relación entre espacio público, psicología y sociología, dando importancia a la vida cotidiana de las personas en relación con su entorno. Desde la filosofía, Foucault (2010) hace una crítica del espacio público y lo identifica como ese lugar en el que suceden las relaciones y conexiones comunes. Augé (2017), advierte sobre la segregación, fragmentación del espacio, su posible desaparición o los nuevos espacios de paso o corta estancia a los que denominó los “no lugares”, por ser abstractos, no relacionales y sin historia, producto de la sobremodernidad. Las teorías feministas, según Villegas-Guzmán y Peña-Ramos (2023), se apropian de este territorio para replantear una nueva visión de espacios y ciudades equitativas para hombres y mujeres, donde los roles adquieren un papel fundamental de diseño en espacios públicos.

Y la ciudad, macro espejo de una casa como esta, tiene también sus elementos, pues en ella concurren lugares y paisajes urbanos con tendencia a enajenar al individuo respecto a su relación con el espacio, condición que lleva a la desprolijidad, disuasión y desencuentro de algunos actores con sus lugares, lo que refleja la actual cultura, socialmente “desespacializada”, y que como afirman Serrano, et. al. (2022, p. 16), son lugares que: “están marcados por improntas espaciales, donde las metáforas sirven para imaginar lo heterogéneo y las narraciones ritualizadas, para concretarlas y requieren apertura del juego entre lo homogéneo y la fragmentación”.

La concentración de actividades económicas en una población produce efectos multiplicadores dentro de un espacio público específico y determina el surgimiento de ciudades, que ofrecen a los habitantes y visitantes numerosos bienes, valores identitarios y servicios diversificados localizados dentro de un mismo territorio. La ciudad es un lugar donde se producen encuentros, comunicación y relaciones en forma conflictiva, fragmentada y contradictoria (Ramírez, 2015). Sin embargo, como centros socioculturales, habrá que rescatarlos y revalorarlos. Entre diversos estudios está el de Ziccardi (2016) que postula la conservación de centros históricos como patrimonio cultural, tal es el caso de este Museo.

Existen innumerables estudios sobre la ciudad y el urbanismo, según explican Gasca y Ávila (2020): “La ciudad es un contenedor de la diversidad y que, en su búsqueda de la igualdad política y social, genera al mismo tiempo formas de homogeneización que difuminan la primera. Es decir, hay una dicotomía paradójica: incluir-excluir”, que son manifestaciones culturales de una misma población: “no como formas de entenderse en este mundo, sino como construcciones sociales a partir del reconocimiento institucional de su diferencia”. Otro problema de las ciudades es que son excluyentes: “están pensadas a través de ideas patriarcales, androcéntricas, donde la mujer ha sido y sigue siendo la gran ausente” (Cevedio, 2010, p. 47). Por tal, la ciudad de Toluca no está exenta.

Retomando a la casa y sus elementos, debemos destacar que, dentro de las funciones de un lugar para habitar, están las nociones de habitación y hábitat. Habitación es una noción filosófica que ilumina los contenidos de la vida y revela sus contradicciones.

Esta noción es considerada como un elemento fundamental de la producción filosófica del hombre, donde existe una necesidad radical de apropiarse del espacio para la reproducción de la vida. En el capitalismo, el espacio se convierte en una mercancía y en el objeto de estrategias económicas, lo que reduce la habitación a una función, el hábitat. En este contexto, el desafío práctico y teórico es reemplazar la habitación como una posibilidad utópica basada en la realidad funcionalizada del hábitat (Faleiros, 2019, p. 454).

Los modos de habitar dotan de carácter especial a cada porción del hábitat. Habitar es: “una acción material y es también un fenómeno cultural cargado de sentido. Un territorio, una ciudad y una edificación son los principales soportes de unos modos específicos de habitar” (Saldarriaga, 2019, p. 23) y donde se solventan las necesidades humanas.

Para entender la importancia del espacio interior, Brunon Zevi (1998) señala que este es el intérprete de la arquitectura, ya que sentir sus límites, sus dimensiones, su atmósfera y su contemplación, es esencial para la comprensión del edificio. Dicho de otro modo, es el concepto de espacio, aplicado a este artículo y que alejándose de sus connotaciones filosóficas o antropológicas se utiliza como Francisco Fuentes (2012) menciona, un espacio existencial donde el ser humano organiza su mundo, su existencia y construye los espacios arquitectónicamente. Asimismo, explica los significados que el espacio construido, particularmente la casa, tienen para sus habitantes.

Para ello, retoma símbolos e interacciones manifiestas en un tiempo-espacio para demostrar la recursividad entre diferentes niveles de realidad, a saber: mental, social y territorial. Cuando expone el término “Paisaje cultural”, hace referencia a un enfoque integrador del espacio arquitectónico que conlleva estudios científicos de la actividad perceptual y cognitiva (Fuentes en Serrano et al., 2020, p. 76).

Es así como la casa es el espacio por excelencia de la intimidad; todas las cosas nos acontecen en términos espaciales. El espacio (Cabrera, 2015, p. 115): “en términos de lugar, es un lugar para comer o para escribir, para desarrollar la vida. Así que no hay forma de aislar la experiencia de vida de la experiencia espacial: es exactamente lo mismo”.

Dicho concepto también ha sido abordado bajo diversas disciplinas, sin embargo, su análisis sobre la importancia y conexión con las funciones y distribuciones en la arquitectura doméstica es relativamente reciente. La historia material, cultural y de la vida privada son las corrientes historiográficas que han profundizado aún más. Hoy en día existen acercamientos al espacio por autores como Juhani Pallasmaa (2016) en su obra Habitar, Xavier Monteys (2014) en La habitación, más allá de la sala de estar, o Jones (2014) con Cómo leer casas, una guía sobre arquitectura doméstica, por señalar algunos. Es importante tomar en cuenta que la arquitectura y las etapas evolutivas en una ciudad son difícilmente comprensibles si no se considera a sus habitantes y sus residencias, por ende, conocer su patrimonio histórico mediante sus espacios y funciones y cómo se han modificado en el tiempo es primordial para ampliar el panorama del pasado.

El mundo del inconsciente es una fuente interminable de simbolizaciones, unas de carácter erótico –según Freud−, otras de carácter estético. Además de su materialidad, los hechos arquitectónicos son productores y receptores de simbolizaciones diversas que enriquecen su presencia en la existencia humana. El mundo habitado, puede leerse como un vasto texto simbólico en el que se encuentran toda suerte de imágenes y sensaciones (Saldarriaga, 2002, p. 121).

Otro concepto para esclarecer es la noción de casa, pues es muy basto. En este caso se ocupa como un recinto construido e ideado conscientemente para proporcionar a sus habitantes de forma integral las funciones primarias para vivir, comer, dormir, asearse, entre otras, aunque dicha concepción es limitada. Sobre las funciones, es necesario entenderlas como las tareas asignadas a un espacio y que se determinan dentro de la vivienda, como pueden ser dormitorios, baño, comedor, entre otros. Asimismo, la tipología de una casa es la distribución y administración correcta de espacios para maximizar la función de estos.

La casa se transforma, dependiendo de su época y habitantes, de habitar en ella una familia a habitar comunidades sin parentesco sanguíneo, de ser un sitio público a ser ahora sitio íntimo, de ser espacio sólo para dormir, a lecho de muerte. Es por eso por lo que las viviendas son las que cuentan la historia humana de la arquitectura, algunas veces, mejor que cualquier otro tipo de edificio (Jones, 2014, p. 6).

En suma, como lo señala Burke (2009), en la intersección de la cultura y la arquitectura, la interacción entre la gente y los edificios es una relación de doble dirección entre la cultura material por una parte y las prácticas sociales por la otra. Es menester resaltar que la casa al ser una construcción humana es histórica, por tanto, depende de su contexto sociocultural; es dinámica y cambiante al depender de sus habitantes, constructores, prioridades, materiales, simbolismos, entre otros aspectos: los materiales y los culturales. Como dijera Gaston Bachelard, la casa es un instrumento para afrontar el cosmos.

Metodología

Esta investigación se enmarca en una metodología cualitativa de corte documental; asimismo, se emplea indirectamente una “arqueología de la Arquitectura” con la intención de analizar elementos arquitectónicos físicos anteriores a su última intervención. Se ocupa también un análisis funcional-tipológico que examina las transformaciones de espacios habitables y su devenir histórico en la urbe y en el país. No obstante, también se utiliza la historia, morfología y demás elementos unidos a la urbanística en Toluca.

El aspecto documental viene de registros de diversos archivos notariales, tales como el Archivo Estatal del Estado de México, el Archivo Municipal de Toluca, entre los más visitados, así como el registro documental del museo. Se realizó un levantamiento planimétrico del lugar, por el arquitecto Ricardo Javier García López, toda vez que no existía. Se llevaron a cabo varios encuentros y pláticas con el actual director del Museo de la Acuarela, el Mtro. Benito Nogueira y otros empleados del museo, así como del Cronista de Toluca, el Mtro. Gerardo Novo, entre otros personajes. Las fuentes utilizadas fueron libros, como De la casa N.2 de la Alameda al Museo de la Acuarela de Margarita García-Luna (2004), y artículos especializados. Cabe mencionar que este artículo deriva de la tesis de maestría titulada Espacios y funciones. Arquitectura doméstica en Toluca. 1870-1920 (Ruiz, 2017) y que puede consultarse gratuitamente. Por último, hay que mencionar que se utilizaron diversas herramientas historiográficas como la Historia cultural, social, Teoría de la Reconstrucción arquitectónica, entre otras.

La ciudad de Toluca y su arquitectura doméstica

La ciudad de Toluca es la cabecera del municipio del mismo nombre y capital del Estado de México, cuenta con una zona metropolitana de dos millones y medio aproximadamente de habitantes, lo que la convierte en una de las zonas urbanas de mayor población en el país. Es el estado que circunscribe a la Ciudad de México, lo que la hace la capital provincial más cercana a la gran metrópoli mexicana. Es una ciudad industrial principalmente, que colinda con el municipio de Metepec, uno de los municipios con los niveles de escolarización más altos y ricos del país (Figura 1).

Son variadas sus atracciones debido a la gran herencia cultural y artística que ha sabido mantener, como la unión de la cultura hispánica e indígena. Se destacan sus tradicionales portales y el jardín botánico Cosmovitral, el cual es único porque cuenta con los vitrales, posiblemente, más grandes del mundo. Asimismo, cuenta con el planetario de la ciudad, el centro cultural Tolzú, la Cineteca Mexiquense y múltiples parques, museos, centros y eventos culturales, entre los que destaca la Feria del Alfeñique, con motivo de la festividad anual del Día de Muertos o la quema de los llamados “Judas”, cuya exposición se lleva a cabo durante las celebraciones de Semana Santa y, la quema, el sábado de gloria.

Toluca está situada a 2600 metros sobre el nivel del mar, lo que la constituye como la ciudad capital más alta de México y de América del Norte, por ello, es templada durante todo el año con temperaturas promedio que oscilan entre 6 y 25 grados Celsius durante la primavera y el verano, y de −5 a 20 grados Celsius en invierno. Su clima es subhúmedo con lluvias en verano.

Toponimia: el nombre Toluca proviene de la voz náhuatl Tollohcan, que significa “lugar donde habita el dios Tolloh” (Nzehñi en otomí, Imbomáani en matlatzinca, Zúmi en mazahua y Tsindijets en tlahuica). De acuerdo con los estudios de Cecilio Robelo (2010), Toluca significa “en donde está el dios Tolo” o “cerro del dios Tolo” o “lugar del dios Tolo”. Sus raíces gramaticales son toloqui, de toloa, “inclinar o bajar la cabeza”.

En el Museo de Antropología e Historia, ubicado en la Ex-Hacienda La Pila, se encuentra información de los primeros asentamientos humanos en estas tierras que datan del año 1200 a. C.; el Valle de Toluca se encuentra rodeado por elevaciones montañosas y está surcado por el Río Lerma. Alrededor del año 600 empezaron a establecerse, en el Valle de Toluca, grupos como los matlazincas, otomíes, mazahuas, malinalcas, entre otros.

Figura 1. Mapa del Estado de México y Escudo de la Ciudad de Toluca.
Fuente: Estado de México – Búsqueda Imágenes (bing.com).

Toluca fue fundada por los toltecas. Su nombre significa en náhuatl “donde se encuentra el dios Tolotzin”. Luego llegaron los matlatzincas, cuyo paso está documentado en el vecino sitio arqueológico de Calixtlahuaca. El emperador azteca Axayácatl conquistó el valle a mediados del siglo XV y lo incorporó al Imperio azteca. Después de la conquista española fue evangelizada por la orden franciscana.

En el año de 1799, Toluca es declarada ciudad mediante Cédula Real por Carlos IV. Existen diferentes opiniones sobre cuándo efectivamente se fundó la ciudad de Toluca. Algunos sitúan la fecha en 1522, con la llegada de los misioneros que evangelizaron a los matlazincas y mexicas asentados en el Valle de Toluca, ya que contaba con una densa población sedentaria asentada en el territorio, no obstante, la palabra “fundación” es debatible. La ciudad es uno de los primeros asentamientos del periodo colonial español en México.

Toluca se transformó en capital del Estado de México el 5 de julio de 1830 y desde 1861 se le denominó Toluca de Lerdo (en honor a este prócer de la patria). En la segunda mitad del siglo XIX la ciudad vivió una intensa etapa de mejoramiento urbano; desde 1832 se inició la construcción de los Portales; en 1869 el gobernador contrató a un afamado arquitecto para iniciar el proyecto y la ejecución de los trabajos de la Catedral de Toluca, Ramón Rodríguez Arangoity. Este último periodo, entre 1870 a 1910 es el que se emplea para el presente estudio.

La arquitectura doméstica, referida como la arquitectura concerniente a edificaciones destinadas a ser habitadas por personas y a la creación de espacios habitables que satisfagan las necesidades, ha ido creciendo conforme a estudios e investigaciones. Ha comenzado a tener el mismo valor que otras arquitecturas como la pública, religiosa o militar, pues como se ha señalado, su estudio permite comprender a la sociedad que habita a la ciudad, con sus valores y costumbres. La arquitectura doméstica como mencionan Serrano y Ruiz (2013, p. 16): “evidencia la vida de los ciudadanos con los límites y fronteras que se imponen, naturalizando las prácticas legitimadas por el orden social, pues la casa es un espejo, donde se repiten las prácticas dentro y fuera de la residencia”.

El espacio interior, aquél que no puede ser representado de ninguna manera, que sólo puede ser aprehendido y sentido a través de la experiencia directa, es el auténtico protagonista de la arquitectura. El dominio del espacio, el conocimiento de cómo contemplarlo, es la clave para la interpretación del edificio (Zevi, 1998, p. 33).

Ahora bien, ¿por qué elegir la arquitectura doméstica de Toluca en 1870-1920? Fue designado este lapso histórico debido a que existió un crecimiento urbanístico, que incluyó un aumento de edificaciones domésticas en la ciudad, además de ser una etapa que nos permite reflexionar justamente las continuidades y discontinuidades de los espacios y funciones al ser un punto de quiebre entre la modernidad y el antiguo régimen. Por ejemplo, la arquitectura doméstica en la urbe mantuvo cierta tipología y distribución virreinal, pues como lo comenta Villegas (1957), estaba entrelazada con la herencia hispana y franciscana, bajo un patio al modo de Castilla, con un esbelto corredor que rodeaba las habitaciones, con un corral y espacio de cría de animales, uso de rejas en ventanas, vanos y apoyos de orden toscano y arquerías dentro de ellas. Las casas de la urbe fueron transitando de la vivienda rural de ex hacienda a la vivienda de ciudad decimonónica. Todo ello se fue desarrollando a finales de 1860 que, con el aumento poblacional, las leyes de Reforma, y la ejecución efectiva de un proyecto liberal de remodelación de la urbe, permitió que diversas viviendas se construyeran o modificaran, como se analizará en el inmueble seleccionado.

Para 1870-1920 la arquitectura doméstica en la ciudad tuvo diversos elementos que unificaron una forma de “hacer casas”, entre los que destaca la ornamentación, la cual se representó en lenguajes arquitectónicos como el neoclásico o el ecléctico, en búsqueda de dejar de lado lo relativo a lo virreinal, por un lenguaje que representará la liberal nación, académica y “moderna”. Otro elemento fue la edificación o remodelación de casas, en especial las de clase media alta y alta, que procedían de empleos relativos a la agricultura o ganadería y de industrias o gobierno, quienes construyeron sus casas en el centro urbano o cercano a sus haciendas o ranchos. Dentro de este elemento, los principales componentes que se ocuparon en las viviendas fueron la amplitud de niveles, el uso de buhardillas, albardillas, reducción de patios centrales, uso interior de empapelados, tapices, cielos rasos con rosetos de yeso donde colgaban lámparas y candiles de luz eléctrica, rosquillas latonadas para ventilación de pisos o duela de madera taraceadas, parquet, frisos y pinturas. En cuanto a materiales, estos continuaron en su mayoría bajo la tradición novohispana, entre los que estaban el uso de adobes, madera, viguería, puertas, techos cubiertos de teja, entre otros. Por ende, nos referimos en este artículo a la Casa N. 2 de la Alameda en Toluca.

Y es que justamente la historia de la urbe se enlaza a dichas modificaciones, pues durante la década de 1890 la ciudad tuvo un avance y mejoramiento, dirigido por el gobernador Vicente Villada, lo que incluyó un crecimiento y modernización de esta. Se deseaba que la ciudad se convirtiera en semillero industrial para la Ciudad de México, lo que generó la creación de nuevas instituciones o incluso la celebración del centenario de la Independencia, ello, con intención de demostrar al país su importancia como capital estatal.

Ahora bien, ¿cómo era la tipología de las viviendas toluqueñas en este periodo? Lechuga señala que: “debido al desarrollo industrial, la tipología urbana se modificó, dividiendo la arquitectura doméstica entre la antigua y la moderna” (Lechuga, 2020, p. 19).

Existieron tres tipos los cuales fueron los más comunes, entre ellos estaba la llamada casa sola, que tenía un patrio principal, las habitaciones se encontraban en tres de sus lados, en la planta baja tenía accesorias, si era de dos plantas, en la segunda se concentraba la zona habitacional y era la tipología más modesta, otra era la llamada par de casas que era semejante a la casa sola, pero tenía un muro que segmentaba toda la casa por la mitad, sobre el patio principal, el patio era más alargado, con corredores y habitaciones, tenían segundo patio; algunas que aprovechaban para animales y servicios, la parte alta era para dormitorios. La última, la llamada alcayata tenía la habitación perpendicular a la fachada y el servicio al fondo del patio, se le llama alcayata por su forma en L, y estaban orientados de oriente-poniente (Ruiz, 2017, p. 23) (Figuras 2 y 3).

 

Figura 2. Planos de una casa tipo par de casas de dos plantas.
Fuente: De Jesús Martínez de la Cruz (2000, p. 58).

 

Figura 3. Plano de una casa tipo “alcayata”.
Fuente: www.architecthum.edu.mx/Architecthumtemp/colaboradores/alejandroperezduarte

La disposición de las anteriores tipologías era de cuartos en hilera o exentos, piezas encadenadas con sus respectivas antecámaras. Había piezas principales que daban a la calle, mientras que otras eran de índole privado. Contenían vestíbulo, oratorio, baño, cocina, patio o cuartos para pintar, o socializar, con diversos sitios para tertulias, círculos literarios, lúdicos o músicos, entre otros (Lechuga, 2020, p. 177). El tocador y la alcoba fueron lugares destacados para las mujeres, mientras que los masculinos eran el despacho, el fumador y la sala de billar. En suma, el espacio arquitectónico se convirtió en un recinto sofisticado y símbolo de los protocolos de conducta y autoridad impuestos en ese momento (Lechuga, 2020, pp. 181-182). También contenían una sala de dosel o estrado, donde se recibían visitas, posteriormente una antesala, patio en el centro, los baños se incluían en la primera planta, con retrete lavabo y tina, el comedor miraba hacia el patio, con buena ventilación y muy amplio. La cocina se ubicaba cerca del comedor, al extremo de la vivienda, próxima al patio trasero o cuarto de servidumbre, así como a los lavaderos y otros espacios de menor categoría al final del predio. En la parte de arriba, si era de dos plantas, se ubicaban las habitaciones para dormir, comúnmente hacia la calle.

Con respecto a lo anterior, cabe recordar que el estudio de los espacios habitados en las casas toluqueñas durante 1870-1920 fue limitado a esa periodicidad, pues posteriormente hubo otros grandes cambios, en especial por la moderna fisionomía urbana que experimentó la ciudad a mediados de 1930, posterior a la Revolución Mexicana con un nuevo orden social, arquitectónico y político. Es menester destacar que la capital, como lo menciona Gerardo Novo (2015), ha pasado por cambios lentos que pudieron tardar años y que por ello “no son tan perceptibles, pero hay otros que se dieron en períodos muy breves y por ello, se puede observar una marcada transformación en la fisonomía de la urbe, es decir, una drástica frontera entre un antes y un después” (Ruiz, 2017, p. 5). De tal suerte que se puede afirmar que la arquitectura doméstica a la par de la ciudad transitó por profundas transformaciones.

Por último, cabe aclarar que existieron varios lenguajes arquitectónicos dentro del periodo de estudio, los cuales se señalan escuetamente en este texto porque se abordan principalmente las funciones; sin embargo, se toman en cuenta para tener un panorama más amplio. El arquitecto Israel Katzman (1974), indica que existieron dos lenguajes arquitectónicos en la época elegida: el neoclásico y el ecléctico y que fueron usados en Toluca y en otras ciudades de la República. El primero conservó los cánones estéticos de razón, simetría y sobriedad, al utilizar líneas rectas en las fachadas, correspondencia con vanos y puertas, así como en una decoración mesurada. El segundo como una combinación de varios lenguajes arquitectónicos, entre ellos el historicista, art Nouveau y neoprehispánico.

Podemos decir que el uso de elementos clasicistas en la arquitectura virreinal se prolonga hasta el siglo XIX, se le unen entonces otros elementos clásicos no empleados anteriormente y la tendencia sigue como predominante hasta 1880. Por otra parte, surgen esporádicamente desde 1800 brotes eclécticos, neogóticos, de otros retornos, etcétera, que se hacen cada vez más frecuentes; este grupo de obras no clasicistas está hacia 1880 en equilibrio con la tendencia clásica y ya en 1885 aumenta, mientras disminuye el porcentaje de edificios predominantemente clásicos (Katzman, 1974, p. 34).

 

Espacios y funciones en la arquitectura doméstica en Toluca 1876-1920, continuidades y discontinuidades

Una vez examinada la conformación de una casa en esa época, ahora se analizarán las continuidades y discontinuidades en los espacios y funciones. Estas transformaciones fueron variadas y en algunos casos ciertos elementos pervivieron y otros fueron sustituidos o eliminados. Para Víctor Lechuga, las transformaciones de virreinales a decimonónicas son sutiles y significativas, van de la mano de “un concepto espacial distinto, bajo la mutación del núcleo familiar, calidad de vida y nuevos protocolos de conducta y trabajo. La casa transforma sus espacios y funciones en relación con las actividades públicas a privadas” (Lechuga, 2020, p. 142). Asimismo, señala que “la transformación de la vivienda virreinal del XVIII provenía de las ideas ilustradas, que profirieron una forma distinta de habitar, las funciones de valor, entre otros aspectos fueron definitorias para el nuevo modelo del siglo XIX” (Lechuga, 2020, pp. 31-32). Dichos cambios trajeron nuevos esquemas organizativos al modificar los espacios, funciones y distribución, “tanto en los dormitorios como en el patio, cocina, entre otros, así como el uso de tecnologías que también reconfiguraron los recintos como la electricidad, gas, agua, transporte o materiales” (Lechuga, 2020, p. 32). Lo anterior, también influyó en un status social diferente.

La casa virreinal, con sus elementos propios como la falta de privacidad, iluminación, ventilación, entre otros, se modifica para darle valor a la privacidad, higiene y moralidad, lo que incluyó espacios cerrados, mayor número de vanos, techos altos y uso de luz eléctrica. Espacialmente, las transformaciones fueron las siguientes: los espacios de accesorias, comúnmente dirigidos a la calle en la primera planta, fueron sustituidos por despachos o espacios de socialización; los techos se ampliaron; las alcobas que usualmente eran de un solo aposento dividido por biombos, fueron fragmentadas con paredes, segmentándolas; el patio, aunque siguió estando en el mismo sitio, fue ocupado para fines más privados; surge el uso del espacio de tocador; los baños se incluyen cerca de las habitaciones, distinto a la espacialidad virreinal, donde estaban al final de la residencia debido a las instalaciones; la cocina estaba lejos debido a la construcción de la estufa o chimenea adosada a la pared; y, sobre los cuartos de la servidumbre, donde se pernoctaba, se menciona que durante el virreinato no tenían divisiones, pero para estos años ya se dividieron conforme a los ideales morales de la época.

Es importe enfatizar que, en el periodo de estudio, a nivel nacional en México, existieron pilares capitales que procuraron legitimar al régimen instaurado por Porfirio Diaz, entre 1876 y 1910 (Moya, 2007). La tesis que se desarrolla en esta investigación es que en la segunda mitad del siglo XIX se llega a una síntesis histórica que concilia diversos pasados mexicanos y que en lo sustantivo traduce al estilo neoclásico el arquetipo arquitectónico que identifica al “régimen”, lo cual tiene su correlato en el país. A lo largo del proceso de configuración de la nación, la Ciudad de México se erigió como el paradigma urbano a seguir. Como resultado, las ciudades provinciales reprodujeron elementos como fuentes, alamedas y estatuas. Este ideal de ciudad respondía a un modelo burgués que articulaba redes de control en los ámbitos social, cultural y político (Moya, 2008). Tal es el caso de algunas casonas de Toluca (Figura 4).

Figura 4. Plano de la planta alta de la casa del conde de San Bartolomé de Xala.
Fuente: Ayala (1996).

Estas transformaciones tienen relación con la historia de la ciudad, pues durante gran parte del periodo novohispano la urbe funcionó como sitio de paso para otras poblaciones de la Ciudad de México a Occidente, teniendo un periodo de auge a finales del siglo XVIII y principios del XIX, desarrollándose la ciudad a partir del complejo conventual franciscano y el rio Verdiguel. La erección de capital estatal en 1830 acaparó nuevos intereses que fueron añadiéndose, aunque con ciertos obstáculos que impidieron un crecimiento idóneo, lo que incluyó cambios de gobierno, intervenciones y la guerra de reforma. La fragmentación del convento franciscano, posterior a dicha guerra, transformó la urbe en una ciudad “moderna” y laica, pues dejó de ser el eje religioso de la ciudad para convertirse en eje del poder civil (Rodríguez, 2010). Desde 1870 en adelante la ciudad tuvo proyectos urbanos y civiles como el ferrocarril, la electricidad y el surgimiento de nuevas empresas, esto conllevó la construcción de viviendas o la modificación de las existentes.

 

Estudio de Caso

La casa N. 2 de la Alameda, ejemplo y comprobación de la importancia del estudio de los espacios y sus funciones

Ahora bien, ¿cómo podemos observar esas continuidades y discontinuidades en los espacios y sus funciones de la arquitectura doméstica en Toluca 1870-1920? Para ello, se analizó el contexto histórico del inmueble y sus espacios, lo que permitió señalar las continuidades y discontinuidades en la misma. La casa Número Dos de la Alameda, ubicada en la calle de Melchor Ocampo, a un costado de la Alameda fue construida a mediados del siglo XIX. Durante 1877 se vendió una fracción de la casa, que contenía una zahurda y una troje, lo que representa las modificaciones espaciales vinculadas a nuevas actividades en la ciudad, es decir, el giro económico vinculado a la producción porcina fue transformado al giro político, pues el señor Benito Sánchez Valdez, ocupó un cargo político y fue quien adquirió la casa. Fue presidente municipal de la ciudad, tuvo cinco hijos, se casó con una mujer de buena posición social, su hijo también fue presidente municipal a fines del XIX. La casa fue ocupada por alguien de clase media alta, de profesión liberal, bajo los estatutos modernos. La familia y su descendencia tuvo la propiedad hasta que en 2002 en buen estado y poco intervenida fue comprada por el Gobierno del Estado de México y convertida en el Museo de la Acuarela, dejando en su mayoría los espacios intactos, aunque las funciones pasaron a ser galerías, situación que también permitió conocer los espacios y sus funciones.

La tipología de la casa es de casa sola, contaba con una cocina, próxima al comedor, el espacio más grande de la casa, corroborando la clase a la que pertenencia el dueño. También contenía un anafre, entre otros elementos arquitectónicos. El patio sigue en el centro, el comedor estaba decorado con objetos de plata, vajillas, platones, copas antiguas de cristal, entre otros enseres. Los baños poseían tina blanca de porcelana, lavabo, inodoro, un lujo propio de los ideales higienistas. Los dormitorios tenían grandes dimensiones y altura. El despacho denota la importancia del dueño al ser un sitio amplio, recordemos que fue del presidente municipal y servidor público a fines del XIX, también tenía oratorio, indicando el valor de las creencias. Tuvo habitaciones de pintura, música y otras actividades de esparcimiento.

De tal suerte que lo anterior fundamenta el tipo de familia a la que pertenecía dicha casa. La ciudad toluqueña entre los años de 1870-1920 centró sus valores e ideales de poder en la marcada división de clases sociales (García-Luna, 2004). Esta división, también llamada status social, se manifestó asimismo en la casa-habitación.

Una de las diferencias fue que mientras en el mundo virreinal existió una construcción familiar ramificada, es decir, que sus integrantes podían no ser consanguíneos, como primos, criados o huérfanos, para la sociedad decimonónica de finales y principios del XX, la construcción familiar fue nuclear: padre, madre e hijos, según explica Ruiz (2017). Esta diferencia marcó un cambio en las costumbres y por consiguiente en las experiencias y formas de habitar, así como sus recintos y funciones. Muestra de esto fue la segmentación de dormitorios para uno o dos hijos, hecho irrelevante durante el periodo virreinal (Figura 5).

Esta vivienda muestra el ya mencionado status social de la época, que era una forma de poder expresado en la arquitectura doméstica y se apreciaba a través de espaciosidad, mobiliario, materiales, fachada, entre otros. Esta situación posiblemente se puede explicar por la interacción con la burguesía extranjera que invertía en distintas ramas económicas, así como en la fascinación por lo proveniente del extranjero. Por tanto, la moda, el mobiliario, el comportamiento, la decoración interior o exterior eran copiadas de este otro mundo. La cercanía con la Ciudad de México marcó las tendencias sociales dentro y fuera de la casa, aspectos que indiscutiblemente Toluca imitó continuamente. Aquellas representaciones de poder fueron posibles en un clima que algunos historiadores como Daniel Cosío Villegas (1963) llaman la “Paz Porfirista”, durante el periodo de 1876 a 1910. En esta “Paz Porfirista” el buen gusto y la vida refinada eran principios esenciales y eran expresados en el embellecimiento y ornamentación urbana, en la erección de grandes edificios administrativos, así como en la construcción de esplendidas residencias.

Figura 5. Pasillo y segmentación entre los dormitorios de la casa Número 2 de la Alameda.
Fuente: acervo fotográfico del autor.

La casa fue realizada en adobe y ladrillo, como muchas otras casas indagadas por Lechuga (2020), quien también describe sus espacios y distribuciones, siendo la casa 2 de la Alameda un ejemplo digno de lo investigado. Los espacios para graneros, caballerizas o trojes fueron ocupados para otros fines o se vendieron, en muchos casos se convirtieron en cuartos de servicio, pues la urbe fue retirando las zahurdas y otros predios poco higiénicos.

 

Distribución espacial

Este inmueble presenta una distribución espacial que se puede apreciar detalladamente en la Figura 6, en la que se muestran las diversas funciones de convivencia familiar y cuya numeración representa los distintos espacios habitables.

Figura 6. Plano de la casa Número 2 de la Alameda.
Fuente: plano elaborado por el Arq. Ricardo Javier García López en 2022.

Conclusiones

La conservación correcta de esta Casona y su intervención puntual para su transformación como museo da la pauta para ser ejemplo ante otras casas que contienen mucha historia en las ciudades y son destruidas o modificadas sin un análisis de sus espacios y funciones anteriores. Este tipo de análisis debe ser una constante antes de realizar cualquier transformación actual de edificios. Su estudio permite conservar parte de la historia citadina y la familiar, vislumbrando al inmueble como un conjunto y no solamente como una propiedad negociable. Con ello se confirma que el patrimonio cultural puede ser de un individuo, no obstante, representa a todos y, por ende, su cuidado y protección recae en el colectivo de dicha ciudad. Lamentablemente la gentrificación, la especulación inmobiliaria u otras situaciones han destruido este tipo de patrimonio arquitectónico; por ejemplo, en Aguascalientes, Puebla, entre otras, se ha permitido que la voracidad inmobiliaria modifique drásticamente la urbe, alienando a sus habitantes y despojándolos de su historia, identidad y vínculo con aquellos edificios que son parte de su historia cultural y social. Y es que la vida cotidiana y sus manifestaciones están entrelazadas a la espacialidad y funcionalidad de una casa, los cambios o permanencias dependen del contexto histórico, social e íntimo de los habitantes, por ello, esto también proporciona un reflejo de lo que se vive dentro y fuera. La casa, sus espacios y funciones son un testimonio histórico que no debe limitarse a una descripción arquitectónica, sino a un contexto heterogéneo, que requiere un estudio integral. La casa refleja las relaciones familiares, cambios y discrepancias, lo que evidencia asimismo a su ciudad y, por consiguiente, a su sociedad.

Cabe recordar que, en la etapa correspondiente a los años medios del Porfiriato se ensaya un nuevo proyecto de nación fundado en “el orden y el progreso” como el lema de un gobierno liberal, en la paz finalmente instaurada, en la Historia Patria como paradigma y en los nexos económicos que se establecen con el exterior. La combinación de estos factores hará parecer al período como un prodigio del crecimiento económico y social que se ve manifiesto en la arquitectura doméstica y civil.

Figura 7. Museo de la Acuarela Estado de México.
Fuente: https://patrimonioyserviciosc.edomex.gob.mx/acuarela

 

Figura 8. Fachada de la casa Número 2 de la Alameda.
Fuente: plano elaborado por el Arq. Ricardo Javier García López en 2022.

La lectura y análisis de los espacios habitables, distribución y funciones, otorgó mayores pistas sobre el entorno urbano. La importancia de la arquitectura doméstica como parte principal de la urbe y su historia debe ser una constante, sus estudios son una fuente y testimonio histórico que debe ser difundido y divulgado para poder valorarlo, pues es el patrimonio más intervenido y destruido. Todo ello, con la intención de que sea conservado en su mayoría y reconfigurado sin alterar en demasía dichos espacios. Analizar la Casa número 2 de la Alameda en Toluca permitió cotejar la diferencia de los espacios habitables con los anteriores al periodo 1870-1920 y con los posteriores, ahora convertida en el Museo de la Acuarela y constatar si se preservaron los elementos arquitectónicos y los recintos para poder leer su contexto histórico y su conexión de la urbe con la casa y viceversa (Figuras 7 y 8).

Poder usar estos estudios para una mejor restauración de la arquitectura doméstica en Toluca es necesario, pues son pocas las casas que fueron atesoradas, muchas otras terminaron demolidas para convertirse en estacionamientos, esto debido a la falta de concientización de valores históricos y artísticos patrimoniales que son escasamente estudiados. La arquitectura doméstica decimonónica en México, la cual ha sido objeto de destrucción y desinterés al ser un bien privado, es una situación que no solamente ocurre en la capital mexiquense sino en muchas otras urbes mexicanas. A pesar de estas desavenencias, hay optimismo, pues a lo largo de un poco más de siglo y medio se han acopiado una amplia serie de posturas teóricas para la Restauración Arquitectónica y su objeto de atención, las cuales en la opinión de Escudero (2022, p. 73), han sido “empleadas para guiar los trabajos encaminados hacia la salvaguarda de esta arquitectura. Sin embargo, aún en la actualidad, se observan muchas contradicciones en los resultados producto de la praxis, agrupándose estos resultados en tres tendencias generales, “consistente”, “aparente” e “indiferente””. Por lo que, resulta indispensable continuar con estos tipos de análisis en la arquitectura doméstica.

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